Cecilie Manz

¡Nórdico por naturaleza!
Cecilie Manz nació en 1972 en Odsherred, Dinamarca. En el taller de cerámica de sus padres, ambos vinculados al arte y al diseño, entró en contacto con esta disciplina desde muy temprana edad. Su trayectoria comenzó en 1992 con estudios en la Escuela Danesa de Diseño (Danmarks Designskole), donde se especializó en mobiliario y objetos de uso cotidiano. Desde el inicio mostró un gran interés por lo funcional y lo conceptual, lo que la llevó a realizar una estancia como estudiante de intercambio en la UIAH, Universidad de Arte y Diseño de Helsinki. En 1998, apenas un año después de graduarse, fundó su propio estudio, que desde entonces constituye la base de su trabajo. Diseña con gran éxito lámparas, muebles y accesorios para el hogar, y colabora con fabricantes de prestigio como Bang & Olufsen (B&O Play), Fritz Hansen, Fredericia Furniture, Nils Holger Moormann, Lightyears, Georg Jensen Damask, Iittala y Muuto. Sus productos se exhiben en todo el mundo y forman parte de exposiciones permanentes en instituciones como el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) o el Museo de Diseño de Dinamarca. Además, ha recibido numerosos premios por su enfoque conceptual del diseño.
Entrevista con Cecilie Manz
Sra. Manz, en un principio quería dedicarse a la pintura. ¿Cómo llegó al diseño?
Así es. Siempre quise estudiar pintura. Aún hoy me encanta el olor de la pintura al óleo. Mientras preparaba mi portfolio para solicitar plaza en la Real Academia de Bellas Artes de Copenhague, alguien me preguntó por qué no lo presentaba también en la Escuela de Diseño. En aquel momento no me veía estudiando allí, pero decidí intentarlo igualmente. Me admitieron en Diseño, pero no en la Academia. Fue una mezcla de alegría y decepción. Pensé que lo probaría durante dos o tres meses y, si me gustaba, me quedaría; si no, siempre podría cambiar de rumbo. Me encantó desde el primer momento y nunca me fui.
Solo un año después de terminar sus estudios abrió su propio estudio. ¿Cómo es su forma de trabajar?
Siempre me ha gustado trabajar de forma independiente. Quizá nunca he encontrado al compañero ideal, no lo sé. Cuando comienzo un proyecto, me entrego por completo, y eso es precisamente lo que más disfruto de mi trabajo. Esa implicación es algo que no puedo delegar. En este momento, mi forma de trabajar es la ideal: cuento con un equipo reducido, pero sigo siendo quien toma las decisiones finales.
Sus diseños destacan por su gran sencillez. ¿Cree que esa estética está ligada a sus raíces danesas?
Sin duda. Creo que nuestros orígenes forman parte de nosotros y que la cultura en la que crecemos nos marca profundamente. En los países nórdicos existe una tendencia natural hacia la sobriedad, algo que caracteriza al diseño clásico danés. Intento reducir cada objeto a su esencia. En ese sentido, mis diseños reflejan muy bien mi forma de ser.
¿Dónde encuentra la inspiración para sus diseños?
Paso mucho tiempo reflexionando. La inspiración surge, sobre todo, de mi interior. Me considero una especie de filtro: todo lo que veo, las texturas, las imágenes o las atmósferas que me rodean, pasa por ese filtro. Por eso nunca puedo decir que un cuadro concreto o una pieza musical determinada hayan sido la inspiración de un proyecto.
Ha dicho en alguna ocasión que un buen diseño nunca debe complicar la vida de las personas. ¿Cómo se asegura de que sus productos cumplen ese principio?
Cuando diseño una silla o incluso una simple cucharilla, me la llevo a casa y la utilizo durante un tiempo. Me gusta ponerla realmente a prueba. Es fundamental, porque si un objeto no funciona en mi propia vida cotidiana, ¿por qué iba a funcionar en la de los demás? Y si no encaja en mi casa, difícilmente encajará en cualquier otra.
¿Cómo ha sido su colaboración con Duravit?
Mis viajes a Hornberg fueron una experiencia muy especial. En Dinamarca estamos rodeados de costa y apenas tenemos montañas; nuestro punto más alto apenas supera los 170 metros. Llegar a Hornberg y esperar el tren rodeada de montañas fue toda una aventura para mí. Sentí enseguida que Duravit forma parte de ese lugar y que ese entorno tan particular también influyó en mi trabajo para la marca.
Muy pronto comprendí el enorme conocimiento y la extraordinaria experiencia que hay detrás de Duravit. Me fascinó trabajar junto a personas con tanta dedicación y compromiso. Para llegar a las salas de reuniones había que atravesar, literalmente, montañas de caolín y otras materias primas empleadas en la fabricación de la cerámica.
Y eso es precisamente lo que hace que Duravit sea tan especial para mí: la estrecha conexión con el material y con el proceso de fabricación.
Todas las series de Cecilie Manz

Design by Cecilie Manz
Luv
